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¿EL SER HUMANO ES BUENO POR NATURALEZA?…MI OTRA MIRADA

Desde mi experiencia, cuando el resultado de nuestros actos deriva en malestar propio y/o ajeno, la decisión que nos ha llevado a dicha actuación, proviene de una falta de conciencia y no de un deseo mal-intencionado de quien actúa.

 

 

 

¿Qué sucede entonces? ¿Qué nos lleva a  tomar decisiones que me conducen a mí y al otro/s a sentirnos “mal”?

 

 Observando en el proceso y reflexionando he descubierto que….

 

 Actúa desde nuestra mente una creencia limitante que alimenta la idea de que eso que hacemos o decimos es lo “correcto”, lo mejor para mí y/o para el otro

 

Vamos a ver esta situación con unos ejemplos:

 

  • Un padre que está convencido de que lo mejor para educar a sus hijos es utilizar la violencia activa, que pegarles de vez en cuando les va a “hacer más fuertes”.

Ese padre no es consciente del daño real físico y psicológico que el niño siente cuando recibe sus golpes, lo hace “convencido” de su creencia y actúa pensando que es “lo mejor para sus hijos” y que él es “mejor padre” actuando de esa manera.

Es lo que ha aprendido y seguramente lo que él ha experimentado en su infancia.

Ese padre no es una mala persona, es una persona que actúa de forma automática en base a esa creencia aprendida y no cuestionada…

“pegar a mis hijos les hará más fuertes y aprenderán mejor”

…y lo que necesita es sustituir esa creencia que alimenta su comportamiento por otra,  para poder actuar desde otro lugar y poder conectar con el dolor físico y emocional que sus hijos experimentan.

 

 

  • Otro ejemplo que se me ocurre, desde la creencia…

“las mujeres podemos hacer varias cosas a la vez”

…a mí esto me sucede si no me paro a reflexionar, imaginaos la escena: me pongo a hablar por teléfono, mientras cocino, al mismo tiempo mi hija me pide algo y en medio de esa vorágine estoy pensando en lo que tengo que hacer mañana…..y de repente!!! La comida se quema, mi amiga al teléfono, que ya no sé ni qué me dice, mi hija que empieza a gritar y un nivel de tensión que va en aumento en mi interior….malestar para mí y para los demás…desde esa creencia, no respeto mis ritmos y al no respetarme yo a mí misma, como sólo puedo dar a los demás lo que  tengo …. ¿qué creéis que acaban recibiendo mi amiga y mi hija? Una buena dosis de mi malestar en forma de enfado, grito….etc

¿soy un desastre por ello? ¿soy mala persona? No, simplemente, siendo fiel a ese aprendizaje adquirido de “las mujeres podemos hacer varias tareas a la vez” tomo una decisión cuya consecuencia es malestar para mí y malestar para los que me rodean.

 

Os comparto unas palabras de Yvonne Laborda que yo intento tener presente en momentos de malestar y que me ayudan mucho a reflexionar :

“Para cambiar un comportamiento es necesario cambiar la creencia que lo alimenta”

Yo creo que cualquier ser humano, me atrevo a decir que sin excepción, buscamos experimentar el mayor BIENESTAR posible durante el máximo tiempo posible.

 

¿Y entonces, el origen de todo esto dónde está?……..

 

En mi proceso de auto-observación, me dí cuenta de que, en la mayoría de las ocasiones, mis decisiones están empañadas por MIEDO, INSEGURIDAD Y DESCONFIANZA.

 

MIEDO: porque en mi infancia mis padres prioritariamente y también la escuela, la Iglesia Católica que a mí me “vendieron” y su doctrina y la sociedad en general, establecieron entorno a mi desarrollo personal una lista completa de condiciones que dictaban (exigían, decretaban, imponían…):

“lo que está BIEN” y “lo que está MAL”

“lo que debo, puedo, tengo…que hacer” y “lo que no debo, no puedo y no tengo…que hacer”

y en base a esas condiciones…¿qué sucedía y sucede?

“SIENTO QUE ME ACEPTAN O NO”

(y fijaros que no hablo de “me amaban o no”)

 

INSEGURIDAD: con el miedo a mis espaldas, temiendo no ser “ACEPTADA” y “SER INAPROPIADA”, temiendo un castigo divino de un Dios que a mí me vendieron como un “Juez implacable” y de unos padres que se convirtieron en su vivo reflejo, se instaló en mí el sentimiento de inseguridad y desde ahí, cada vez que yo sentía y siento  la necesidad de tomar una decisión que “no encaja” en la lista de condiciones establecidas en mi infancia, LA DUDA me asalta, la TENSIÓN me aborda, EL ENFADO asoma y se produce El CONFLICTO INTERNO del que os hablé en uno de mis primeros artículos.

 

DESCONFIANZA: e inevitablemente, en este recorrido se sembró la semilla de la desconfianza hacia mí misma, porque en muchas ocasiones, mis necesidades, aquellas de las cuales mi cuerpo me informaba, eran etiquetadas de “ERRONEAS”, no eran recogidas, ni validadas, ni comprendidas ni mucho menos acompañadas por los adultos que me rodeaban. Directamente se lanzaban al cubo de necesidades “inapropiadas, incorrectas, inadecuadas…”

Lo que mi cuerpo me pedía, en muchas ocasiones, no coincidía con lo que desde fuera se nombraba y la confusión psicológica y emocional se fueron instalando en mi interior.

 

EJEMPLO:

 

Os voy a poner un ejemplo sencillo para que veías el alcance que puede llegar a tener esto:

 

Una de las necesidades más básicas del ser humano es ALIMENTARSE.

Cuando un bebé nace, pide alimento cada vez que SU CUERPO LO NECESITA y no cuando en su mente se considera “oportuno” que es hora de comer. Los adultos que acompañan no suelen cuestionar esto y atienden la demanda del bebé de inmediato, y digo no suelen, porque a mí con mi hija me pasó, cuando era bebé, alguien me dijo que “debía comer” cada 3 horas y yo, desde mi mejor intención y también desde mi “falta de conciencia”, sin cuestionarme esa creencia que alguien me dictó, cuando mi hija a veces reclamaba alimento sin haber pasado las 3 horas estipuladas, yo me distraía buscando otros motivos que le estuviesen haciendo sentir mal.

Pasada la primera etapa de lactancia o biberón, enseguida nos empeñamos en “establecer horarios en los que es CORRECTO comer” y es muy habitual  escuchar a niños diciendo “mamá, papá tengo hambre” y a mamás y papás diciendo “¡qué dices, cómo vas a tener hambre a esta hora, aún no toca comer!”…..

 

Y yo me pregunto…..¿Por qué hay que comer a determinadas horas establecidas?

¿No es más lógico aprender a escuchar a nuestro cuerpo, aprender a distinguir cuándo tenemos hambre real y comer en base a esa necesidad?

Son tantos los factores que inciden en cúando y en qué medida cada uno necesitamos alimentarnos (peso, altura, actividad física, actividad mental, estado de salud…etc) que, desde mi punto de vista, resulta ilógico establecer normas al respecto.

 

 

Y ya no digamos las “normas formales” que dictan por ejemplo que toda la familia tenemos que comer juntos…

¿Por qué? y os cuestiono ¿qué preferís, una comida tranquila y agradable, satisfecha desde vuestra necesidad real de hambre y quizás algún día solos y otros acompañados? O ¿ ser fieles a “tenemos que comer todos juntos porque es lo adecuado” y que desde ahí se generen situaciones de conflicto en la mesa y el rato de la comida se convierta en una batalla campal, sin pararnos a observar, que simplemente, quizás, unos tengan hambre y otros no?

En mi casa, después de mucho tropezar en la misma piedra y después de mucha batalla campal, hoy en día, comemos algunas veces juntos y otras no y lo decidimos en función del “hambre de cada uno” y no de la “norma moral establecida”….

 

HEMOS DECIDIDO ANTEPONER LA RELACIÓN A LA RAZÓN

 

Pues bien, este ejemplo, deja constancia de cómo desde nuestra más tierna infancia se ponen en cuestión nuestras necesidades más básicas generando una confusión interna en nuestro ser y desde ahí crecemos con la sensación de “ESTAR EQUIVOCADOS” cada vez que nuestro cuerpo nos informa de algo que necesitamos.

 

Tú más certero confidente es TU CUERPO, no TU MENTE.

 

 

PIRÁMIDE DE MASLOW

Os comparto la pirámide de MASLOW que a mí me gusta mucho y me sirve para recordar cuáles son esas necesidades que cómo seres humanos todos sentimos y necesitamos satisfacer y veréis si os paráis un poco a reflexionar, que muchas de ellas, no son satisfechas ni en el tiempo ni en el modo en el que nuestro cuerpo nos informa.

Para poder satisfacer las necesidades de “rango superior”, aquellas que tienen que ver con “Nuestro Crecimiento y Evolución como seres humanos”, es necesario que primero estén satisfechas las de rango inferior o de “supervivencia”.

¿Os seguís cuestionando a qué hora es “adecuado” comer”?……

 

Y RECUERDA QUE….

No existen las “malas personas”,

existen las “personas con la conciencia y el espíritu crítico dormidos”.

 

Evolucionar requiere de observación, una atención presente y constante…..DE MÍ MISMO/A Y MI ENTORNO, de lo que siento porque lo que siento es la consecuencia directa de lo que decido hacer y lo que decido hacer deriva de lo que pienso y  creo…..

 

Normalmente seguimos este orden:

 

1º PARTO DE UNA CREENCIA “APRENDIDA”

Siento una necesidad (mi cuerpo me informa de ella) y pueden pasar dos cosas:

  • quizás ni me entero porque estoy tan “anestesiado” y “confundido” entre lo que siento que necesito y lo que me han dicho que “debo necesitar” que no alcanzo ni a sentirme a mí mismo …
  • quizás la escucho un poco pero como esa necesidad no encaja en el listado de necesidades “ADECUADAS o CORRECTAS” que me han dictado, la dejo a un lado y permito que mi mente dirija mis acciones desde un “no deberías querer o hacer…..tal cosa , debes hacer…..tal otra” (siguiendo el ejemplo anterior la creencia podría ser “lo correcto es comer a las 14:00)

2º PIENSO: en base a esa creencia se elabora un pensamiento (“no deberías tener hambre ahora que son las 12:00)

3º ACTUO: en base al pensamiento actúo (mi actuación sería “no comer”, reprimir mi necesidad)

4º SIENTO EL MALESTAR EN MI CUERPO: y en base a eso siento enfado y frustración.

 

¿Y si poco a poco le empezamos a dar la vuelta a este proceso…?

 

1º SIENTO LO QUE MI CUERPO ME PIDE: siento hambre

2º ACTUO: busco alimento y como

3º PIENSO: cuando mi cuerpo me avisa de hambre yo necesito comer.

4º GENERO NUEVAS CREENCIAS: lo “CORRECTO” para mí es comer cuando siento hambre porque así me siento bien.

 

Y desde aquí elaboro mi propio y nuevo sistema de creencias en base al cual el resultado de mis acciones será….SENTIRME BIEN.

 

 

CUESTIONEMOS EL MALESTAR, EL CUERPO NOS HABLA CONSTANTEMENTE, ES NUESTRO MEJOR CONFIDENTE.

 

Elena Diéguez

 

 

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4 comentarios en “¿EL SER HUMANO ES BUENO POR NATURALEZA?…MI OTRA MIRADA”

  1. Cuantas cosas se solucionan, escuchando a nuestro yo actual, en lugar de las voces del pasado que llevamos en la cabeza, y no son nuestras. ¿Verdad? Yo creo que si.
    Me encanta leerte.

    1. miotramirada

      Nuestro yo actual nos trae esa información del pasado que necesitamos aún integrar, re-sentir y liberar para poder acercarnos cada día un poquito más a quienes somos en realidad.
      Gracias amore!!

  2. Qué buen post Elena, como muchos otros que escribes! 🙂 Sigue así, dando luz y regalando aprendizajes. Toda inspiración! Estoy también en la tribu y es un gusto leerte. Gracias, un abrazo

    1. miotramirada

      Sheila muchas gracias por tus palabras!! me alegro mucho de que mis escritos te inspiren. Nos vemos en la Tribu!! Un besazo

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